Los profesores recibimos todos los días una de cal y otra de arena. Mi trabajo en la academia consiste en ayudar a que mis alumnos se superen cada día, en darle las herramientas adecuadas para que sean auto suficientes. Es una ecuación con varias incógnitas: el alumno, los padres, el cole / instituto, la situación familiar/amigos, el ambiente, la academia. Todo esto junto es la vida que tienen mis alumnos.

Pero aunque me mentalice de que yo estoy para ayudar, no puedo evitar sentirme culpable de los suspensos, fracasada cuando traen ese tipo de notas y aliviada cuando son aprobados y buenas notas. Esto es un tipo de “distorsión cognitiva”, un pensamiento equivocado: la maximización y la minimización (lo malo es culpa mia y lo bueno sólo lo hacen los demás)

Hoy, cuando el curso está por terminar, una madre en el despacho me contaba (entre lágrimas) cómo se siente después de hablar con la profesora de su hijo (4º de E.S.O – 16 años). Y se siente muy mal, la profesora lo desprecia y él a ella igual, así que no hay modo de que los resultados sean, como poco positivos, puesto que ella no está por la labor de pasar ni media y es muy exigente en sus correcciones. Él lleva dando clase con nosotros desde julio del año pasado. Y me siento culpable de su fracaso. Mi gran consejero me ha hecho ver, después de ocho meses, que yo no soy la culpable, que he intentado ayudar y que todo estaba en manos de mi alumno.

Y en medio de esta conversación, aparece un maravilloso ramo de flores… para mi. No podía ser del marido de caperucita, él no regala flores y no creía que el departamento de administración hogareña le hubiera dado permiso para comprar esas flores. Y estaba en lo cierto. Las flores son de dos de mis alumnos. Clientes de hace muchos años y que, esta vez, han tenido ese detalle conmigo. No he podido evitar llorar. No sabía ni lo que leía en la tarjeta. Ahora en casa, con tranquilidad, lo he releído: Gracias por tu paciencia.

Éste es mi trabajo, estoy orgullosa de lo que hago todos los días. No soy perfecta, porque nadie lo es. Cometo errores de los que aprendo a diario. Después de un año de vapuleo emocional y es la mejor manera de terminarlo.