Hace ya meses que en casa se censuró la palabra *oño. Todos me entendéis, no la escribo entera, porque escrita da un poco de cosilla. Al principio de ser ma/padre no te das cuenta de la cantidad de palabras mal sonantes o expresiones que utilizamos que en boca de un@ niñ@ de 2 años queda bastante mal.

La cuestión empezó un día que a mi niña se le cayó un lápiz al suelo.

– “*oño”, dice ella tan pancha. y yo siguiendo los consejos de Supernanny y de la seño del cole la ignoro.

No subimos al ascensor, cuatro adultos, ella y nuestra cocker Brisa. Mi niña entra al fondo y Brisa detrás. No se le ocurre otra cosa a la perra que pisar a la niña:

-“*OÑO BRISA!”

Lo que provocó la risa de los titos… y los papás flipaos…

Mi niña que pasa por delante de su abuelo. El abuelo que le dice no me acuerdo qué… y la niña que contesta:

-“*oño, *oño,*oño”

Se nos quedó cara de seta con la boca abierta y tomamos la determinación de forma espontánea su papá y yo que era el momento de sentarse en la silla de pensar… Y a partir de entonces todos nos tuvimos que ir sentando en la silla de pensar cada vez que lo decíamos.

Ahora, un par de meses después ya se le ha pasao la neura, los adultos hemos sustituido *oño por antonio, que suena parecido y si alguien pronuncia la palabra prohibida, decimos al unísino: “antoooooooooooonio”.