Ser papá es sinónimo de ser un héroe. Mi padre siempre lo ha sido porque lo sabía todo y siempre arreglaba todas las cosas de casa. Además cuando tenías un problema siempre estaba ahí. Bueno, y lo sigue estando, pero cuando te haces mayor procuras sacarte solita las castañas del fuego, que ellos ya hicieron bastante con traerte al mundo, alimentarte, vestirte, educarte, pagarte la universidad y unos cuantos caprichos que ahora no vienen a cuento.

Pero hoy no vengo a hablaros del mio (aunque aprovecho para decir que es el mejor papá del mundo y ahora el mejor abuelo) Hoy os voy a hablar del padre de mis primas, mi tío, y el tío abuelo de mi niña. Un hombre trabajador, y que me recuerda a mi abuelo (su padre) aunque yo nunca lo conociera… Es más una sensación que tengo de que mi abuelo Pepe era así.

Ay, que hasta me emociono y quiero contaros una de sus hazañas. Hace muchos años que disfrutamos en el verano de su barca (en la que caben dos adultos como mucho), la infla con mucho mimo y le pone sus remos. Y allá que vamos. Yo hacía unos 7 años que no disfrutaba de ella (aquel verano mi padre remaba, y creo que mi madre y mi prima disfrutaban del paseo mientras los demás nadábamos a su alrededor). El caso es que yo no había cogido un remo en mi vida hasta el sábado pasado.

Volvamos al tema, el héroe. Hablamos de ir a la piscina por la tarde, pero yo quería playa. Propuse ir con la barca y les pareció buena idea, así que allí que fuimos barca a cuesta y todos los aparejos (mi padre ha ideado un carrito donde caben todas las hamacas, sombrillas y bolsos, cuando os digo que es el mejor no es sólo por amor de hija). Allí llegamos, montamos el chiringuito, la playa a rebosar un sábado por la tarde… metemos la barca en el agua y MEDUSAS!!!!!! Horror, todas nuestras esperanzas de pasar una tarde agradable se disipaban. Y mi tío dijo: subid. ¿Que? ¿Pero si no cabemos todos? Mi prima y yo, dos mujeres adultas… mi prima la pequeña (10 años) y mi niña (2 años) y sus manguitos.

 

“Rosío tu remas” JUAS, allí la alcarreña-granaína valientes que se lanza. Tonta de mi, al principio pensé que lo hacía bien, PERO NO!  Era la corriente que nos llevaba hacia el otro lado de la playa. Nosotras sólo pensábamos que le iba a picar una medusa, pero ahí fue el tío, nadando con nosotras (y de paso decir que tirando de la cuerda)

Lo que vino a continuación sólo fueron unos minutos interminables de risas un poquito nerviosas, no nos engañemos. Pero no conseguíamos volver, llegábamos a la orilla pero a tropecientos metros de donde estaba plantada la sombrilla. La idea era llegar a la orilla de nuestras sombrillas. Entonces AY! Llegó el momento crucial, ya le había picado la medusa y no había vuelto a atrás. Y empezaron a aparecer más. MIEDO.

La prueba del delito, a la altura del tobillo, por el frontal

“Tito, vamos a la orilla, y vamos andando con la barca”

“Somos el espectáculo de la playa”

“Rocío es que vamos en círculos” (no jorobes, no me había dao cuenta, debe ser que tengo un brazo más fuerte que el otro)

“Si quieres remas tu”

“no, no”.

Así que la única solución era que se subiese con nosotras a la barca. Uno más. Y entonces, el lío, él que intenta subirse por un lado, hacemos equilibrio por el otro (yo pensaba como nos caigamos, lo primero mi niña) pero conseguimos recolocarnos. Ahora hay que remar. ¿Pero como si somos tantos que no llegamos a los remos? Pues nada, remos fuera del arito y a remar. Mi tío por un lao y mi prima por el otro. Yujuuuuuuuuu, más círculos pero a velocidades insospechadas!!!!!!!. Así no llegamos (y yo me acordaba de los que cruzan el estrecho en patera, si tuviéramos que hacerlo nosotros, nos dábamos la vuelta)

Solución: a la orilla, la caperucita, la hija y a prima a tierra. El tío y la prima mayor a remar. Y así se terminó nuestra aventura. Pero, ¿Y lo que nos reímos?

Gracias por ser valiente tito, que necesitaba reirme como aquella tarde.