Soy fumadora desde el instituto, y digo soy porque esto es como los alcohólicos, una vez que lo eres, lo eres para siempre. Sin embargo hay alguno fumadores que decidimos parar, dejar de fumar por nuestro bienestar y el de las personas que nos rodean. En mi caso mis alicientes fueron sencillos: quería ser madre y mi pareja no fumaba.

Para lo primero, lo de ser madre, no era un gran inconveniente, pero quería dejar de fumar con suficiente tiempo para que mi cuerpo se pusiera al día. Dicen que tienen que pasar 2 años para que el cuerpo se limpie. Os estoy hablando el año 2004. Y lo intenté, lo dejaba unos meses y volvía. No servía de mucho, pero lo intentaba.

Para lo segundo, quien ahora es mi marido y entonces sólo era un proyecto de ser pareja, la motivación me parecía más fuerte, porque era algo tangible. Yo quería estar a su lado y que él se encontrara bien, porque para el que no fuma, el olor del tabaco (y ya no digo el sabor) es bastante desagradable. Así que cómo nos veíamos un fin de semana al mes… no era tan difícil.

En 2005 durante unos 5 meses tuve un trabajo donde casi todo el que me rodeaba fumaba, así que fue algo bastante intensivo. Hasta noviembre de aquel año. Yo estaba en Noia (Galicia) viendo el mar en mi habitación, alejada de los viajantes de los que era guía, viendo por la tele los premios Principe de Asturias. Sería mi penúltimo viaje Andalucía-Norte de España (todavía me quedaba otro Asturias-Granada-Asturias). Entonces decidimos liarnos la manta a la cabeza e irnos a vivir juntos. Aquello fue el principio de mi vida actual.

A la vuelta del último viaje, no compré tabaco. Se había acabado. Pero aún tenía tentaciones (muy normal, por cierto), sobre todo cuando me rodeaba de buena gente, pero fumadora, en reuniones y sobre mesas interminables, llenas de risas y anécdotas (cruces, Semana Santa, puente de la Constitución o verano) Entonces me fumaba uno o dos cigarrillos, y al día siguiente quería más.

Y llegamos al punto de inflexión, un 2 de mayo de 2009 (más  bien ya era 3): la boda del matrimonio Lanoa (no se si les hará gracia esta nueva denominación..) Son una  pareja que se sabe rodear de buena gente y me lo pasé genial, y fumé, vaya que si fumé. No fueron más de 10 cigarrillos pero para alguien que a diario durante 3 o 4 meses no fuma nada, era una gran cantidad. Al día siguiente mi boca era un río en plena sequía, mi voz desapareció, el olor de mis manos, boca y pelo totally disgusting (asquerosísimas). Y la decisión fue definitiva. No hay más tabaco. Y así ha sido hasta hoy. A pesar de las tentaciones que aún sigo teniendo. Como anoche, en una reunión familiar llena de risas (muchas) y anécdotas. Debo confesar que tuve la tentación y conseguí superala, por eso me felicito a mi misma.

Y aprovecho para felicitar y animar a los que lo estáis intentando. ¡Seguid así!