Un cuerpo acostumbrado a levantarse a diario a las 6.30 a.m., se levantará en su día de descanso a la misma hora. Y si no a la misma, a una similar. Hoy a las 7.30. Y mientras el abuelo se queda investigando porqué el interruptor del alumbrado no funciona, la caperucita sale de paseo con el perrito de la abuela y la suya propia.

Una caminata matutina: la mejor manera de empezar el día

Nunca recuerdo que hay personas a esa hora haciendo deporte, walking, running, biking or whatever (andando, corriendo, en bici o lo que sea). Hace algún tiempo, yo hacía natación a esas horas, y se me olvida que en realidad, durante el verano, es la mejor hora. Así que no esperaba encontrarme por la calle a mucha gente.

Primero el golfista madrugador con su carrito, oliendo a colonia, su gorrita, bien afeitado, camino del campo del golf.

Luego el / los madurito/s atractivos que se cuidan dando su paseo matutino, o corriendo con su amigo mientras charlan de los tipos de interés. Flipante.

Más tarde, los abuelitos para los que andar parece que les cueste un mundo pero ellos se pegan su buena caminata.

Las siguientes, las maduritas amigas que hacen su rato de deporte mientras charlan, para luego pasarse el día de la playa a la casa, la comida, la piscina, los nietos, etc..

Y para finalizar, los paseantes de perros entre los que me incluyo, recogiendo en su mayoría, lo que nuestros cánidos van dejando.

Y he de reconocer que si no fuera por ellos, iba a salir Rita la cantaora a la calle. A esas horas yo prefiero estar sentada en la terraza, escuchando el rugir del mar (porque hoy está enfadado, no sabemos si con nosotros por mantenerlo tan poco cuidado, o con las medusas pesadas que no dejan en paz a los bañistas). Y desde aquí, con esa banda sonora de fondo, mirando al horizonte, donde no se mueve ni una hoja de palmera, se ve la brisa marina nublando las casas de la siguiente costa.¡ Ay el mar!

Por cierto, la foto no es mía, yo no llevaba cámara a esas horas de la mañana…es de Pablo Etchevers y está hecha en Montevideo.