Y hoy no traigo foto, por que si pongo una sería de mi misma llorando de penita.

La vuelta a la rutina se me está haciendo muy cuesta arriba. A veces me invade un sentimiento de temor a lo que está por venir, y es que en el trabajo tenemos varios proyectos nuevos que sé que afrontaré tan bien como siempre, pero que me tienen sumida en la incertidumbre. ¡Qué mala es la inseguridad!

Y ya quisiera yo que mis post fueran de como le va a mi niña en la guardería, de si come o no, si duerme o no, y no de estos calores que me entran ante el volumen de trabajo abrumador. Ella es feliz en su guardería, ayer se reencontró con sus amigos, con sus seños y ella encantada. Hace cosas que no tenía ni idea que estaba aprendiendo: se pone a contar en inglés (yo con la boca abierta), me dice “gracias guapa”, y me pide las cosas “plis” (la mandíbula inferior ya me llega al suelo). Cuando quiere hacer pipi, se va solita al baño y no se como se las ingenia para sentarse en el w.c. Habla hasta por los codos y repite todo lo que oye, es un lorito. Y tiene ocurrencias del tipo: “quiero chocolate” “no hay hija” “¿Hay que compás?” “si, hay que comprar” “vamos a mecaona“…

En fin, la madre de caperucita ha traído vitaminas para ver si levanta un poco cabeza, el alma y el corazón. Y es que he vuelto al mundo 2.0 y todo va tan rápido, que he intentado subirme al tren en marcha ya un par de veces y tengo la sensación de que no lo consigo.

Se pasará.

Se pasará.

Se pasará.

Caperucita impaciente…

 

Si os pasa algo parecido, os vendría genial uno de esos kits que tiene ahora Lanoa, ¿los habéis visto? Todo el mundo quiere uno, échadle un vistazo.