Todos necesitamos pensar en nuestros problemas ya que es la única manera de solucionarlos. Así que es muy complicado “no pensar” ya que es un dispositivo que todos tenemos. Sin embargo, hay muchas maneras y momentos en los que  hacerlo.

Por ejemplo, cuando hemos aprendido a “rumiar” nuestros pensamientos, creándonos un malestar continuo, acabamos agotados y no encontramos la solución a lo que buscamos. La solución es pensar de forma racional y constructiva. Pues que fácil es decirlo. Aprender a pensar así es posible, pero hay que proponérselo.

A veces nos encontramos metidos en una dinámica que nos produce mucha angustia y dolor emocional. Lo primero que debemos intentar es buscar una hora en el día en el que centrar esas preocupaciones y no hacerlo a lo largo de todo el día. No estaría mal que nos dedicáramos una hora al día, a la que muchos terpeutas llaman “la hora de preocuparse”. ¿Cómo elegirla? Cuando tenemos miles de tareas al dia, los niños, el trabajo, la casa, etc… debemos encontrar un momento para nosotros, evitando el momento de acostarse (ya que entonces lo que debemos hacer es dormir y no producirnos insomnio).

Una vez encontrada esa hora, es bueno que si nos encontramos pensando en nuestros problemas a lo largo del día, nos digamos a nosotros mismos: “pepito, ahora no es el momento de pensar en eso, céntrate en lo que haces y ya lo pensarás en tu hora de preocuparte”. Evidentemente esto no se produce por arte de magia y habremos de decirnoslo muchas veces al día, todo es cuestión de entrenamiento.

Durante nuestra hora de preocuparnos podemos escribir aquello que nos preocupa, dedicar el rato a organizar nuestro horario, crearnos una lista de tareas otrogando prioridades, proponernos actividades agradables para sentirnos mejor y por supuesto pensar en aquello que nos molesta, que nos duele, para reflexionar y analizar lo que sentimos y pensamos. No dejes nada fuera, porque ese es el momento y no otro, de actuar.