Arya Stark dice que “el miedo hiere más que las espadas”. Y es cierto. El miedo al propio miedo ya te lleva al sufrimiento antes de que haya pasado nada. Así que uno se preocupa. Bueno hablaré en primera persona. Así que yo me preocupo.

Y me preocupo por cosas mundanas, sencillas y por las graves también. Y acabo frustrada por esa marea de pensamientos que inunda mi mente. Incluso en los días buenos, en los que no hay nada aparente que deba llevarme a preocuparme, mi mente busca y rebusca para crearla. Me encuentro sumergida en un millar de quejas por todo… Ayer mismo con la maldita solicitud del cole de mi niña.

He trabajado mucho este tema, lo he trabajado con mi otro yo. Con esa conciencia que machaca todo lo que hago y que subraya mis frustraciones, mi rabia, mis bloqueos. Y acabo llegando a la misma conclusión que debería recordarme todos los días: quejarme no hace que las cosas cambien, soy yo quien tiene que poner el movimiento en marcha.

Y he descubierto que soy adicta al sufrimiento. Y este artículo de El País, ha puesto en palabras lo que yo siento.

“El dolor y el placer nos impulsan a la acción, al deseo y al cambio. Ambos pueden crear adicción. El dolor lo sentimos en el cuerpo. A nivel emocional y mental experimentamos sufrimiento. Un sufrir que surge en la mente por pensar negativamente de uno mismo, de los demás y de la vida misma, viviendo con rabia, en la frustración y sumergido en las quejas.”

“Preocuparse es como sentarse en una mecedora, te da mucho que hacer pero no te lleva a ninguna parte”

 

Así que hoy empezaré mi día diciéndome que va a pasar algo maravilloso, que soy buena en mi trabajo, que soy buena madre y buena en muchas cosas. Y que voy a disfrutar con las cosas que hago cada día, las pequeñas cosas, el rato de lectura, la serie en la tele, la sonrisa de mi niña, las palabras nuevas que aprenden mis alumnos. Nos quedaremos con lo bueno, porque como dice Paulo Coelho “el miedo a sufrir es peor que el sufrimiento mismo”

Y me quedo con esta imagen que también he encontrado en Pinterest.

“Nunca cruzarás el océano a menos que tengas el valor de perder de vista la orilla”