– Pero Caperucita de mi alma, cómo se te ocurre ponerle ese título a tu entrada de hoy!!!!!!!!! Si además hoy también te has levantado llorando sin poder evitarlo!!!

– No lo sé, conciencia de mi vida, quizás porque necesito que la energía cambie. Sentarme a pensar que maldita sea hoy es lunes no me beneficia, ni a mi, ni a los míos. Así que dichosa yo, que puedo decir que es lunes, y que esta tarde iré  a trabajar, que en el país hay muchos, muchísimos que no lo pueden decir.

 

El lado oscuro de la fuerza no existiría si no hubiese jedis. Y ¡qué sería de Voldemort sin Harry Potter! Voilá, el equilibrio. Precisamente eso son los lunes, el equilibrio, el día que nos pone los pies en la tierra, ese maestro estricto, esa clase que temíamos que llegara y era un alivio cuando había terminado…

Sentir la llamada del mar

Sentir la llamada del mar

Los lunes no son nuestros enemigos, los lunes son nuestros aliados, quienes nos acercan al equilibrio, quienes nos ayudan a bajar de la nube, o en mi caso a salir del mar. Un mar que este sábado estaba en calma, fresco como siempre, pero que me llamaba, cristalino. Un mar en el que me dejé flotar, llevar, nadar, cansarme. El domingo, al tener que volver mi cuerpo no reaccionaba, las lágrimas no dejaban de brotar, como una niña que no quiere ir a la escuela.

¿A qué le tengo miedo?

Y hoy lunes, mis lágrimas volvieron a brotar mientras me vestía, sin poder controlarlas. Dejo que sea así, porque creo que es mejor, que luego acabo relajada. El domingo al llegar a casa, mi cuerpo me pedía ritmo, si paraba sería una ruina de día. Me dediqué a pintar la entrada de casa. La comida. Un sudoku. Juego de tronos. Visita a los abuelos para el fútbol  Ducha. Cena. Tele. Dormir.

LUNES. Hoy también pueden pasar cosas maravillosas. No lucho contra él, es mi aliado, viaja conmigo.