Sofía no podía respirar. Cada vez sabía menos sobre las misiones. se le nublaba la vista y veía borroso aquel edificio blanco, de postal, al fondo de la avenida.

-“Sophie, Sohie”. Alguien le daba golpecitos en la cara. Y la llamaba por su nombre, bueno, no exactamente.

-“¿Qué ha pasado?”

-“Te has desmayado”, le dijo la chica que había junto a ella.

Ya no notaba aquella presión en el pecho, aunque le temblaban las manos.

-“Cómo si no estuvieras acostumbrada al corsé. Creo que te lo hemos apretado demasiado.”

Esa chica la había ayudado a vestirse. Sería Susan Connor. Y le vino a la mente la imagen de Scarlata O’Hara sujetandose al dintel de la cama mientras la mami le apretaba las cintas del corsé. Entonces llamaron a la puerta

-“Señorita Dupont, ¿Se encuentra usted bien?” La chica abrió la puerta, al otro lado se hallaba un joven alto, con chaqueta y corbata. Muy preocupado y con la frente perlada en sudor. La cara de Susan fue de crispación.

– “Si, Sr WHite, sólo son cosas de mujeres, gracias por su interés” Y cerró la puerta de un portazo.

-“Pero, Señorita Connor….” se escuchó tras la puerta. Se escucharon unos pasos que se alejaban.

-“Le has dejado con la palabra en la boca y parecía preocupado”, dijo Sofía en un tono que Susan era la primera vez que escuchaba.

-“Señorita Dupont, Alexander tiene cosas más importantes que hacer que preocuparse por usted. Para eso ya estoy yo aqui.”

A Sofía le pareció que estaba celosa y el tal Alexander realmente parecía preocupado, así que insistió, con aquella vehemencia que tan cara le había constado en otras ocasiones y de la que no aprendía.

– “¿Señorita Connor?- Susan, que aún permanecía pegada de cara a la puerta se giró con gesto de extrañeza antes de abrirla, con su boca en un gesto de contención – “Le agradezco que se preocupe por mi y por los quehaceres de esta casa, pero quizás podría haber sido más amable con Alexander”.

-“Señorita Dupont, disculpe mi atrevimiento, Usted sólo me ha llamado Señorita Connor en dos ocasiones: una cuando rompí accidentalmente aquél frasco de perfume francés y la otra cuando interrumpí aquel momento de intimidad con el Señor Smith”. Ambas mujeres tenían un rubor facial digno de la nariz de cualquier payaso. – “Y no creo que haya sido tan grave. Siempre me llama Susan”

-“Tienes razón, Susan, pero ya que hablamos en confianza, no me ha parecido la mejor manera de tratar a ese caballero que simplemente se preocupaba por mi estado de salud”.

-“¿Caballero?, definitivamente creo que está enferma. Alexander no es más que un sirviente de esta casa”- Como tú, pensó Sofía.

-“¿Y porqué te lo tomas tan a la tremenda? ya hay alguien encargado de llamar la atención al personal, ¿no?”

– ” El Señor Taylor no puede estar al tanto de todo y si se enterara de lo que Alexander tiene con usted, no trabajaría nunca más en la Casa Blanca. Dudo que encontrara otro trabajo en ninguna casa decente en todo Washington D.C. Es como si hubiera perdido usted la memoria y no recordase todo por lo que hemos pasado Alexander y yo. Mejor dicho, todo lo que yo he pasado por él. Llevo 2 años esperando a que se decida a pedirme en matrimonio, viéndole dudar, sin pasar nuestro día de descanso juntos, sin entender nada y culpándome por no ser  tan buena como usted”

– “¿Lo que Alexander tiene conmigo?”. Sofía no daba crédito a lo que escuchaba. Susan había sido su confidente durante todo ese tiempo y en realidad estaba enamorada de él, incluso esperaba que se decidiera por ella.

-“Tan buena como yo… Susan… yo…”

-“Si, usted lo tiene ciego y lo sabe. Estoy segura de que se enamoró de usted el primer dia que la vio. Por eso cuando hoy a las 10 esté subida en ses barco, comenzará mi verdadera vida y podré ser feliz.

-“Lamento queno seas feliz con mi presencia. No hay nada que me entristezca más que hacer infeliz a alguien.

-” Oh, no Señorita Dupont, usted sabe el aprecio que le tengo y lo mucho que he aprendido a su lado, pero el hombre al que amo está encandilado con su presencia y yo no lo puedo evitar.

– “Quizá Alexander sólo sea timido.”

-“Cómo si usted no hubiera estado aquí en estos dos años…”

-“Olvida ya ese tiempo que termina esta noche. Y por cierto, has dicho “subida a ese barco…” El tono de Sofía se endureció, no podía quedar un cabo suelto o no habría final feliz.

-“Si, ya se que no debíamos hablar de ello, pero usted tiene quien la va a llevar lejos de aquí, lejos de la presión de Ken Norton. Si me permite el atrevimiento, tengo lástima de la mujer que acabe a su lado. Un hombre tan celoso, tan posesivo. Y no se lo que será capaz de hacer cuando se entere.” hicieron una pausa en la conversación, ambas trataban de imaginar a aquel hombre de casi dos metros, con la fuerza de un animal y la mirada asesina que portaba a casi todas horas del día.

-” ¿Estará lista para el almuerzo?

– “A qué hora es?, Sofía no estaba al tanto de aquellos detalles a pesar de haber tratado de memorizarlos, tampoco recordaba como llegar al salón donde se celebraría el banquete.

-” Creo que la pérdida de consciencia le ha afectado. Es en veinte minutos, como siempre, pero en el salón Cherry Blossom que se inaugura hoy, ¿recuerda? lo preparó todo usted.

-“Si, Susan, son tantas coas que sencillamente no recordaba la hora, pero preferiría que alqguien me acompañara, por si acaso.”

-“Estaré aquí en 10 minutos para ayudarla a vestirse y acompañarla”

-“Gracias Susan.”

Cherry Blossom